Aumenta la tendencia de hombres divorciados de volver a casarse

Una vez divorciados, los hombres españoles se vuelven a casarse un 10% más que las mujeres. En 2008, último año del que el Instituto Nacional de Estadística tiene datos oficiales, se desposaron 45.000 personas que habían reiniciado su vida sentimental por divorcio o viudedad, el 11% de los 400.000 españoles que se dieron el sí quiero ese año.
A pesar de que la crisis económica puede potenciar la reducción de matrimonios y divorcios, es cierto que existen otros factores que motivan a encontrar pareja de nuevo luego de un divorcio. Muchos expertos coinciden en tema de la dependencia del hombre por la mujer o viceversa.
En el caso de la dependencia del hombre por la mujer, lo primero que se nos viene a la cabeza es el tópico: los hombres necesitan a una mujer a su lado porque no saben ni freírse un huevo; en cambio, ellas son más independientes. «Y es lo que dice el sentido común», admite Nuria Chinchilla, economista del IESE (Universidad de Navarra) y experta en familia.
El sociólogo Javier Elzo no lo tiene tan claro y apunta a un fenómeno bastante más complejo: «Ha habido una sobrevaloración del feminismo que hace que la mujer que se ve libre no quiera volver a casarse. Ellas han estado muchos años al servicio de los hombres. El resultado es que muchos no saben hacer las cosas que deberían saber hacer en la casa y muchas de ellas, que han estado hasta ahora bajo el capricho de sus maridos, siguen la corriente feminista que les hace recelar», explica.
Están escaldadas, aunque no todas. Sin ver las cifras, Elzo apuesta a que esta tendencia de hombres supuestamente inútiles y mujeres que huyen de los juzgados tiene los días contados. «Apuesto a que eso ya no ocurre con la gente más joven». Y acierta. A la hora de darse otra oportunidad, hay un abismo dependiendo de la edad. En resumen, cuando ellas son jóvenes se vuelven a casar más que ellos (hasta un 50% más entre 28 y 35 años) y cuando ellos se hacen mayores se vuelven a calzar la alianza hasta cuatro veces más que ellas, como sucede con los de más de 60 años. ¿Sorpresa? Hasta cierto punto. Para Nuria Chinchilla, la desigualdad tiene una razón lógica: «En un principio parece que las treintañeras con hijos necesitan un padre y un hogar para ellos, y los hombres mayores necesitan una mujer que les lleve la casa», resume.
«Cuando son jovencitas y pasan por un desengaño, no se pueden creer que el matrimonio no funcione». Y repiten. Luego entran en juego otros factores relacionados con esas torcidas reglas sociales sobre la moral y la decencia. Esta ley no escrita da su bendición a un hombre de 60 años que se casa con una mujer de 30, pero... ¿y a una de 60 con uno de 30? Ella lo lleva más crudo. También son menores las posibilidades para encontrar pareja de una mujer conforme suma años. Se le pasa el arroz, dicen, mientras los hombres mantienen sus oportunidades sentimentales prácticamente intactas. La abogada Susana Moya es profesora de Derecho y Familia de la UNED, vicepresidenta de los abogados de familia españoles y matrimonialista desde 1978, y en todo ese tiempo ha tratado cientos de casos. Confirma que para ellas «es mucho más difícil acceder a una segunda relación cuando se hacen más mayores. A lo que se suma que la mayoría de las divorciadas gozan de una pensión compensatoria que no quieren perder con un nuevo enlace». Por si fuera poco, hay que añadir niños que en muchos casos no aceptan al nuevo cónyuge. Con este panorama por delante, Moya entiende a muchas divorciadas cuando le confiesan: ‘Yo ya he estado en ese club y no quiero volver’. «Las mujeres son mucho más prácticas que los hombres y se plantean no meterse en un lío con lo bien que están», puntualiza la abogada, que ha llegado a divorciar tres veces a la misma pareja en Madrid.
Luis González es el presidente de la Asociación de Padres Separados de Vizcaya y pone el acento en los hijos de otros matrimonios anteriores. «En los divorcios, las mujeres generalmente se quedan con los niños y se pueden convertir en un lastre porque no aceptan tan fácilmente que su madre se eche novio».
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